BOLETÍN “EL SUSTENTABLE” 

ABRIL 2019 - Tirada 30.000 ejemplares.
 
 

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9 beneficios de los árboles urbanos

Los árboles pueden ayudar a mitigar algunos de los impactos negativos de la urbanización, y hacen que las ciudades sean ambientalmente más sostenibles

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PLATANOS DE SOMBRA EN LA DIAGONAL DE BARCELONA (Ana Jiménez)

Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se predice que en 2050 el número aumentará hasta el 66%. Esta migración del campo a la ciudad, principalmente en África y Asia, se debe a la pobreza y a factores socioeconómicos.

Según la FAO la rápida expansión de las ciudades en estos dos continentes se lleva a cabo sin ninguna estrategia de planificación del uso de la tierra y la consiguiente presión humana tiene efectos altamente perjudiciales sobre los bosques, paisajes y áreas verdes y sus alrededores. Los efectos ambientales de la urbanización a menudo son intensificados por el cambio climático e incluyen el aumento de la contaminación, la disminución de la disponibilidad de alimentos y recursos, así como el aumento de la pobreza y la frecuencia de eventos climáticos extremos.

Los árboles urbanos, que a veces solo valoramos por su sombra o porqué dan un toque de color al asfalto urbano, son un elemento esencial para la ciudad. Estos pueden ayudar a mitigar algunos de los impactos negativos de la urbanización, y así hacer que las ciudades sean más resistentes a estos cambios.

 
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Vista del central Park de Nueva York (Albert Winterhalder)

He aquí nueve formas en que los árboles y los parques urbanos contribuyen a hacer las ciudades socioeconómicamente y ambientalmente más sostenibles:

1. Un árbol grande puede absorber hasta 150 kg de CO2 al año, por lo tanto son de gran importancia en una ciudad donde la contaminación suele ser una problemática importante. Los árboles pueden mejorar la calidad del aire, haciendo de las ciudades lugares más saludables para vivir.

2. Además, i en la misma línea que en el punto 1, los árboles grandes son excelentes filtros para contaminantes urbanos y partículas finas. Absorben gases contaminantes como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, ozono y óxidos de sulfuro. También filtran partículas finas como polvo, suciedad o humo del aire atrapándolos sobre las hojas y la corteza.

3. Los árboles juegan un papel importante en el aumento de la biodiversidad urbana, proporcionando a las plantas y animales un hábitat, alimento y protección.

4. La ubicación estratégica de los árboles en las ciudades puede ayudar a enfriar el aire entre 2 y 8 grados Celsius, reduciendo así el efecto de “isla de calor” urbano, una acumulación de calor por la inmensa mole de hormigón, y demás materiales absorbentes de calor.

5. Las investigaciones demuestran que vivir cerca de los espacios verdes urbanos y tener acceso a ellos puede mejorar la salud física y mental, por ejemplo disminuyendo la tensión arterial alta y el estrés. Esto, a su vez, contribuye al bienestar de las comunidades urbanas.

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Hyde Park en Londres (Pawel Libera / Getty)

6. Los árboles maduros regulan el flujo del agua y desempeñan un papel clave en la prevención de inundaciones y en la reducción de riesgos de desastres naturales. Un perennifolio o árbol maduro de hoja verde permanente, por ejemplo, puede interceptar más de 15 000 litros de agua al año.

7. La colocación correcta de los árboles alrededor de los edificios puede reducir la necesidad de aire acondicionado en un 30 por ciento y reducir las facturas de calefacción en invierno entre un 20 y 50 por ciento.

8. Los árboles pueden contribuir al aumento de la seguridad alimentaria y nutricional local, proporcionando alimentos como frutas, frutos secos y hojas tanto para el consumo humano como para el forraje. Su madera, a su vez, se puede utilizar para cocinar y calentar.

9. La planificación de paisajes urbanos con árboles puede aumentar el valor de una propiedad en un 20 por ciento y atraer turismo y negocios.

Después de enumerar todas estas ventajas, la FAO concluye que una ciudad con una infraestructura verde bien planificada y bien manejada se vuelve más resistente, y sostenible. A lo largo de su vida, los árboles pueden proporcionar un paquete de beneficios que vale dos o tres veces más que la inversión en plantación y cuidado

 
 

¿Cómo combatir los efectos
de la «isla de calor urbana»?

La ausencia de vegetación, los sistemas de alumbrado o los vehículos aumentan las temperaturas y cambian los ritmos de las precipitaciones.

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El cambio climático y sus fatales consecuencias son una evidencia. Los aumentos del promedio mundial de la temperatura del aire y del océano, el deshielo de nieves o el aumento del promedio mundial del nivel del del mar. Prueba de ello es que de los 12 años comprendidos entre 1995 y 2006, once se presentan como los más cálidos en los registros de temperatura de la superficie mundial desde 1850. Cada vez más, las zonas urbanizadas son unas de las principales artífices de la potenciación del cambio climático. Tanto es así que según el Centre for Human Settlements, las ciudades son las responsables del 75% del consumo global de energía.

Un estudio elaborado por El Centro de Política del Suelo y Valoraciones (CPSV) de la Universidad Politécnica de Cataluña ha propuesto una serie de cambios en las zonas urbanísticas con el objetivo de mitigar las olas de calor. Y es que, en realidad, existen diferencias significativas en el clima de las zonas urbanas y las rurales. De hecho, algunas de las principales causas de este desajuste entre ambas son, por poner un caso, materiales nocivos para el planeta como elasfalto o el hormigón.

Por este motivo, desde el proyecto de investigación de la UPC se apuesta por «colocar pavimentos permeables en vez de hormigón y asfalto, edificar formando cañones por los que circule el aire, cambiar el calor de las fachadas y aumentar las zonas verdes, lo cual haría bajar la temperatura media de las ciudades en dos grados», según recoge EFE.

El CPSV ha simulado los efectos del fenómeno isla de calor urbana -su impacto afecta no solo al incremento de las temperaturas sino que también puede cambiar las tasas y ritmos de precipitación, generando un aumento de los eventos tormentosos y de precipitación intensa así como un incremento de las nieblas y las nubes- y del cambio climático en la Región Metropolitana de Barcelona. Además, ha denunciado que los planes urbanísticos de la actualidad no tienen en cuenta la evaluación climática de las zonas urbanas y metropolitanas, pese a que el aumento del calor afecta a la salud de las personas y, por ende, aumenta la mortalidad.

El estudio, dirigido por el profesor de arquitectura Josep Roca, conluye que el efecto mencionado se produce por ausencia de vegetación, uso de asfalto y hormigón -que por la noche desprenden el calor acumulado durante el día-, impermeabilización del suelo, vehículos y sistemas de alumbrado. Según la propia investigación, el comportamiento térmico de una ciudad depende de factores geográficos pero también de otros tantos, tales como la distancia con el mar, la orientación y la pendiente o el propio índice de edificación.

Se observa, con los datos, que las áreas urbanizadas tienen una temperatura terrestre media un 7,2 % más elevada que las no urbanizadas. El estudio arroja que un incremento de 20 a 25°C de temperatura media de noche en los meses de verano representa un incremento de 3.000 muertes adicionales -como se prevé que suceda en el 2050- ya que entre los años 1950 y 2016 las temperaturas medias de verano, por la noche, se han incrementado 2,14°C.

Las áreas urbanizadas, protagonistas del cambio climático

Existe un gran consenso entre los especialistas en lo relativo a que las ciudades tienen un protagonismo especial en el contexto de cambio climático. El estilo de vida generado a partir de la industrialización y muy particularmente los cambios asociados a la urbanización, son elementos determinantes del calentamiento global. Esta contribución de la urbanización al cambio climático presenta dos vertientes. Por una parte, por la generación urbana de emisiones de gases de efecto invernadero(GHG) -lo que contribuye de forma determinante al calentamiento global del planeta-. Por otro lado, a la radiación generada por la superficie del suelo urbanizado -que determina un flujo de calor sensible y latente en virtud del tipo de cubiertas urbanas, así como a su grado de humedad-.

 
 
 

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